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Feria del Libro Pacífico

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MAYA, Rafael. Popayán (Cauca), 1897 - Bogotá (Cundinamarca), 1980.

Realizó estudios superiores en el Seminario de Popayán y en derecho en la Universidad del Cauca. Fue docente de la Universidad de Los Andes y de Bellas Artes en Bogotá. Congresista, delegado de Colombia en la UNESCO (París) y Director de Publicaciones en el Ministerio de Educación. Dirigió las secciones de crónica literaria en la revista Popayán y en el diario El País de Bogotá.

Fue fundador de la Revista Bolívar y académico de número en 1973. Sus libros en prosa son: El rincón de las imágenes (1927), Alabanzas del hombre y de la tierra (1941), Consideraciones críticas sobre la literatura colombiana (1944), Los tres mundos de don Quijote y otros ensayos (1952), La musa romántica en Colombia (1954), Estampas de ayer y retratos de hoy (1958), Los origines del modernismo en Colombia (1961), Escritos literarios (1968) y Letras y letrados (1975). Seis libros compone su obra poética: La vida en la Sombra (1925), Coros del medio día (1930), Después del silencio (1935), Tiempo de luz (1945), Navegación nocturna (1955), La Tierra poseída (1965), El Tiempo recobrado (1975) y Poesía (1979). Su obra figura en antologías y revistas literarias, nacionales y regionales.

SEREMOS TRISTES

Oye, seremos tristes, dulce señora mía.
Nadie sabrá el secreto de esta suave tristeza.
Tristes como ese valle que a oscurecerse empieza,
tristes como crepúsculo de una estación tardía.
Tendrá nuestra tristeza un poco de ufanía
no más, como ese leve carmín de tu belleza,
y juntos lloraremos, sin lágrimas, la alteza
de sueños que matamos estérilmente un día.
Oye, seremos tristes, con la tristeza vaga
de los parques lejanos, de las muertas ciudades,
de los puertos nocturnos cuyo faro se apaga.
Y así, bajo el otoño, tranquilamente unidos,
tú vivirás de nuevo tus viejas vanidades
y yo la gloria póstuma de mis triunfos perdidos.

 

YA SE ANUNCIA LA TARDE

Ya se anuncia la tarde.
Recógete, alma mía, en el silencio
y mira atenta cómo
a medida que el mundo se oscurece
tienes más luz adentro.
Es la hora propicia de los grandes recuerdos. 
La risueña colina del pasado
se tiñe de una luz afable y triste.
Dan su olor los rosales
en el jardín de los amores muertos,
y manos perfumadas
también nos llaman desde lejos. Alma,
¡que lenta está la tarde!
¡que divina la hora!
Arrodíllate al pie de aquel milagro
que hace temblar en ámbar todo el valle.
Embriágate en la brisa,
escucha al pie del árbol
la oración de las hojas que se caen.
Ya comienza la santa
vigilia de las cosas,
ya se vuelve más honda
el agua azul de los estanques viejos,
¡ya se presiente la divina estrella
que nace para todos en el cielo!

 

LA MUJER SOBRE EL ÉBANO

Fragmento

In memoriam

S.T.R.

La piedra
Él
La Sombra
La Hierba

 

La Piedra

- Yo fui engendrada en la noche,
lejos de las riveras de la luz.
Soy ciega porque la sombra horadó mis pupilas
para conservar en sus cuencas
el agua que lloran las flores de la nube.
Mi sueño pesa sobre el mundo.  
De mis entrañas han nacido las ciudades.
Me curvo como el dorso de una bestia
para estrechar, sobre el agua y sobre el vértigo,
la amistad salvaje de dos rocas.
También guardo la estrella
que brota de mi flanco herido
como se escapa el relámpago de su caja de ébano.
Canto la destrucción,
y rompo la frente constelada de piedras lumínicas,
pero hago imperecedera la lágrima
que calló sobre la tierra
como la semilla de un astro inmemorial.
Hoy me traes a la muerta,
a la inolvidable criatura
en cuya faz de hielo aparecen ya las primeras violetas.
Tiene los párpados cosidos
con el hilo que labran los ángeles subterráneos,
y en su boca, que se colmó de palabras
dulces, como una flor se colma de rocío,
hay una gema invulnerable que la consagra al silencio
como si fuera la novia de la sombra.
 

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