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por María Margarita García
Cuando entrevisté por primera vez a Édgar Negret, estaba asustada a pesar
de haber leído un libro sobre sus trabajos que tanto me impactaban, de
observar sus obras y enfrascarme en las controversias suscitadas por su
famosa obra de homenaje a Bolívar cuando los académicos, entre ellos
Germán Arciniegas, protestaban. También lo había
visto con su cabeza rapada, su habitual sombrero y bufanda. Pensaba
encontrar a alguien prepotente, pero conocí a un hombre cálido y atento a
resolver mis inquietudes. Entre preguntas y respuestas tomamos el té y
recorrimos toda su residencia, desde la sala hasta la terraza donde estaban
desperdigadas sus esculturas. Luego se sentó en su mecedora donde ha
reflexionado, investigado, enseñado a sus colaboradores y disfrutado con sus
amigos. En su casa los espacios geométricos recuerdan sus obras, se aprecia
el interés por las creaciones precolombinas y se advierte cómo el arte
prehispánico y el contemporáneo se tocan. De allí han surgido
sus trabajos vistos en galerías y museos del mundo. En sus 85 años de
vida y 63 de actividad profesional ha expuesto individualmente en 147
ocasiones en veinte países de América, Asia y Europa. Sus creaciones forman
parte de colecciones públicas de doce países y privadas de casi treinta.
También ha nutrido ocho retrospectivas en América y Europa. Y para el
próximo 16 de marzo se prepara una exposición antológica de cincuenta piezas
seleccionadas por Eduardo Serrano para el Museo Nacional de Colombia con una
innovación curatorial apoyada por María Victoria de Robayo, en la cual se
pondrá a dialogar su obra con la historia y con la de sus contemporáneos. El
grueso de la muestra estará en las salas temporales, y el resto en los
distintos espacios del museo. Para este homenaje no lo
entrevisté y aunque me comentaron sobre la mejoría de su salud, por primera
vez no ha podido atenderme ni mostrarme sus creaciones ni contarme sus
historias. Añoro esos momentos compartidos con el maestro, siempre listo a
resolver mis dudas sobre sus obras y la plástica.
En la muestra se advertirá el proceso de un artista que desde muy joven
causó controversias como la de su Homenaje a Valencia en la cual se
veía la presencia de un bloque escultórico y el interés por destacar al
personaje usando los signos violentos de sus facciones. En medio del
escándalo apareció el escultor vasco Jorge Oteiza quien orientaba los
programas gubernamentales de cerámica en Popayán. Fue el defensor y también
el hombre admirado por Negret.
Han pasado 62 años desde su primera exposición en el Palacio de Bellas
Artes de Cali y 79 desde que aún sin leer ni
escribir cogió un lápiz a hizo un pictograma para enviarlo a su padre a Cali
donde trabajaba temporalmente y quien aseguró mandarlo a estudiar arte en
París. Allá montó el artista un taller después de la muerte del general
Rafael Negret y de su esposa María Dueñas, primeros en descubrir la destreza
de su hijo menor al tomar el papel y dibujar con las tijeras. Esa habilidad
lo llevó primero a la Escuela de Bellas Artes de
Cali sin la resistencia familiar.
Igual que otros artistas de su generación, creó obras figurativas como su
Autorretrato (acuarela, 1939) realizado cuando estaba en cuarto
semestre -obra incluida en esta muestra del Museo-, lo
mismo que algunos desnudos de los años cuarenta, dibujos indicadores de su
dominio de la anatomía.
En ese tiempo tenía Negret su estudio en el antiguo claustro del
monasterio franciscano donde organizaba charlas con Oteiza. Fue una época
premonitoria de su éxito y trabajó algunas obras religiosas como la
Virgen, relacionada por Oteiza con las esculturas monolíticas de San
Agustín y con la cual participó en el IV Salón Nacional de Artistas. "Ésta
no estará en la exposición, como muchas otras, por falta de espacio", dice
Eduardo Serrano. También hizo Pubén (1944), cemento asociado por
Serrano con el movimiento Bachué. Pieza contrastante con Cabeza del
Bautista, yeso exhibido en su primera exposición en Bogotá en 1945.
En la década de 1940 expresó Negret algunas bases de su lenguaje
posterior, con obras vinculadas con las láminas metálicas utilizadas veinte
años después en Navegante, que presenta el concepto de torsión,
movimiento y configuración'. En los años cincuenta halló en Nueva York
materiales nuevos en la historia de la escultura. En el Clay Club Sculpture
Center se sumergió en ensamblajes y técnicas
industriales aplicadas al arte. En algunos casos, interesado en soluciones
plásticas retomó temas religiosos como Rostro de Cristo en la que usó
una placa de metal sobre lámina de madera a introdujo el alambre. Así mismo
se adentró en la naturaleza con Faso con flor, para la cual usó la
varilla de acero y dio la idea de suavidad. Desarrolló conceptos
contemporáneos que mostró durante su corta temporada en Bogotá antes de ir
a Francia y España, período en que logró la simetría y los efectos de luz
y sombra. Surgió Simétricos, cuya textura resultó del use de la
lima para raspar el yeso. Así mismo, Ia noción de módulo. Pero fue en 1953
en Barcelona cuando lo impactó la obra de Gaudí y
su sistema modular. Luego pasó a Madrid y creó su
Homenaje a Nueva York, expresada por una columna de cilindro vertical
e integrada por diversos materiales. Después, en Mallorca halló el color,
maduró el formato vertical apoyándolo en una base cilíndrica y diseñó tubos
y carretes con los cuales creó la ilusión de movimiento. Y aunque no montó
un estudio, trabajó durante un año en los bocetos que Ilevó a Nueva York.
"De ese período no se mostrarán obras. La mayoría
son maquetas, pero es importante porque introdujo la geometría", dice
Serrano.
En Nueva York completó experiencias para expresarse sin límite. Usó la
lámina de aluminio por ser delgada, dúctil y fácil para hacer los dobleces,
con los cuales armaba la estructura de la escultura pintada. Surgieron sus
Aparatos mágicos, de remaches que luego reemplazó por tornillos y
tuercas (único artista en utilizarlos). "Ahí descubrió el aluminio, asociado
con su idea de contemporaneidad. Se aproximó a la máquina e hizo los
Navegantes con láminas planas. Trabajó las Kachinas (tótems) como
resultado de la beca de la Unesco por la cual fue al oeste norteamericano
para investigar a los indios navajos y pueblas. Así pudo unir la máquina y
la espiritualidad. También creó los Eclipses con láminas de
plexiglass (única vez que usó material traslúcido). Estas obras son
importantes porque demuestran su interés en la naturaleza y en la mirada del
espectador", anota Serrano. Hizo sus primeras máscaras, en las que estaba
implícito un lenguaje ritual y a la vez arquitectónico. Luego aparecieron
sus Vigilantes a los cuales dio un apoyo imaginativo.
Al llegar a Colombia, influido por las montañas y el paisaje arqueó el
aluminio con el cual expresó la liviandad, hecho fundamental según Serrano,
porque creó "una escultura capaz de ser apreciada en sus áreas internas y
externas". Así mismo recuperó el barroco atemperado, influido por la
arquitectura de Popayán.
Volvió a trabajar los Acoplamientos, creados por dos módulos; los
Navegantes y los Cohetes llenos de movimiento. Y como dice Serrano:
"En Negret no existe una cronología. Con sus obras de evocación cósmica y de
aparente levedad conviven trabajos relacionados
con la arquitectura como Puentes, Edificios, Templos, Escaleras,
Fortalezas, dirigidos a establecer contacto con el piso. Sobre éste ha
extendido algunos como Torre, situada en el Cerro Nutibara de Mede
Ilín". En los años ochenta volvió su mirada a la naturaleza con sus árboles,
flores, cordilleras y cascadas, considerados por Serrano "figurativos, como
es Maíz".
Cuando murió la última de sus hermanas, Negret resolvió investigar su
pasado y conoció, además de su ascendencia italiana y española, la de Wayna
Capac. "Se trataba de Francisca Coya, a quien le tocaba ser madre del último
inca pero dejó su hogar por un español y se instaló en Popayán. Era mi
tatarabuela", me dijo una vez Negret. Fue entonces a Machu Picchu donde
lo impactó la majestuosidad del imperio y
su cultura. "En el templo estaba todo lo que ellos
amaban y nosotros hemos despreciado. Ahora se ha perdido la unidad de los
seres. Eso ha devastado al mundo. Estamos acabando con todo
lo que las culturas pasadas respetaban", decía
Negret.
En su última etapa ha aumentado el tono del color y el detalle y
continuado con la geometría como generadora de
formas y pensamientos. También se advierte la poesía, como to afirma Roberto
Guevara: "Está marcado por la exactitud y la poesía, la precisión y el
misterio, la matemática y la libre fantasía"2. Y al recorrer su obra se
confirma por qué Édgar Negret ha representado al país en bienales tan
importantes como las de Sáo Paulo y Venecia y por qué es un destacado
escultor de talla internacional.
Tomado de:
Revista Diners No.431 de febrero de 2006.
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