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El despegue de la imagen
1965, cuando aún estaba estudiando derecho en la Universidad Santiago de Cali, comienza su experimentación un poco tímida con la cámara y con ella, el punto de partida de la carrera de Carlos Mayolo como director de cine documental y argumental y esporádicamente como actor. A través de su amistad con Santiago García y el memorable Enrique Buenaventura, Carlos Mayolo comenzó a adentrarse en el mundo del teatro y acercarse al TEC (Teatro Experimental de Cali) lugar en el que conoció a los actores más importantes de la época.
Para 1966, mucho de su talento con el audiovisual lo comenzó a explotar a través de la publicidad al lado de un francés llamado Jean Balavoine, dueño de una productora denominada Corafilm. En sus memorias, Carlos Mayolo recuerda que su primer comercial sobre un brassier cuyo lema era "el brassier que sostiene todas las miradas". Es precisamente haciendo comerciales de turismo, que Mayolo comienza a ganarse la vida buscando la frase, la locación y las mejores modelos para exponer al público un producto en cajita o botella. Así pasó una época que Mayolo recuerda como feliz entre sus roles de publicista, comunista, teatrero y cineasta. Un cineasta que aún estaba por mostrar lo mejor de su talento que lo haría perpetuarse en la memoria de la cultura caleña y nacional.
Carlos Mayolo a finales de los sesenta comienza de manera autodidacta a realizar sus primeros ensayos con la cámara. Inspirado por una película política francesa acerca de mayo del 68, filma un cortometraje alrededor del movimiento estudiantil en Colombia, el cual no logra concluir. Rueda también "Corrida", un corto de tres minutos sobre toros basado en un poema de Stuvchenco y un corto publicitario al que llamó "En Grande" el cual giraba alrededor de una siderúrgica.
También para 1968, con mucho de este espíritu de izquierda que impregnaba el cine latinoamericano, Mayolo se lanza a rodar el cortometraje al que denominó "Basuro", el cual aludía a la labor de los basuriegos, un producto que termina siendo, de acuerdo al propio Mayolo, una película atroz, que parecía una guerra entre la miseria y supuesta cultura. Las imágenes fueron enviadas a Cuba para que la terminaran, y finalmente el cineasta isleño Santiago Álvarez utilizó algunos de sus planos para mostrar realidades latinoamericanas.
De Ciudad Solar a Caliwood
Para 1971, cuando el calor de la juventud bullía con ímpetu, de unos años por demás bastante álgidos, y fuertemente influenciado por su membresía en el partido comunista, Mayolo funda con sus amigos Luis Ospina y Andrés Caicedo, Ciudad Solar, un hito en la historia cultural de Cali. Ciudad Solar fue un espacio que se abrió en la Cali el cual era a la vez sala de exposiciones, cine club y laboratorio de fotografía. En ella comenzaron a vivir en comunidad Mayolo, Ospina y Caicedo, subsistiendo de lo que les quedaba del cine club de este último. Por Ciudad Solar pasó lo que posteriormente seria reconocido como lo más granado del arte caleño: Enrique Buenaventura, Ever Astudillo, Óscar Muñoz y Fernell Franco, entre otros.
Fue a partir de Ciudad Solar con todo su movimiento artístico (que tenía mucho de subversivo), sus muestras teatrales, poéticas, sus exposiciones de pintura y fotografía, además del célebre movimiento cineclubista, que se comenzó a gestar el mítico Caliwood el cual marcaría del devenir cultural de la ciudad entre los años setenta y ochenta. Un Caliwood en el que Caicedo, Ospina y Mayolo comienzan a filmarse a sí mismos, a la ciudad y sus gentes. Bajo esta corriente comienzan a generase las primeras grandes obras de los fundadores de este período: "Oiga, Vea", "Cali de película", "Agarrando pueblo", "Pura sangre" y "Carne de tu carne".
Con el dinero que había ganado gracias a un desfile de modas, Mayolo consigue un proyector de 16 milímetros y una cámara Bell & Howell, y comenzó a organizar una serie de ciclos de cine con los que inauguró el cineclubismo en Cali, fuertemente imbuido por la izquierda. En ellos comenzó a presentar películas soviéticas y latinoamericanas que propugnaban por un nuevo Neorrealismo, pero sin convertir al pueblo en mercancía, tal y como lo denunciaría posteriormente en "Agarrando pueblo". Así lo relata el propio Mayolo: "Primero fueron los cineclubes de los sindicatos de obreros. El Valle del Cauca tenía sindicatos azucareros, ferroviarios y de cementos, con mil, dos mil obreros, los cuales se podían movilizar. Yo, con mi pantalla de tres metros por dos, tenía que llevarla en carretilla con caballo. Me sentía comunista y veía las cintas con ellos. Aprendí a sentir el agradecimiento de los obreros que con sus manos callosas me despedían después de cada proyección. A veces los detectives se llevaban el proyector. Los obreros los rescataban y yo podía seguir distribuyendo entre ellos películas cubanas, checas o de la ‘Cinemateca Colombiana' de Hernando Salcedo Silva (que me decía ‘el vampiro de Ciudad Solar'). Era un acontecimiento y cobraba lo de una lata de sardinas y un pan" (2).
Algunos años después de la fundación de los Cineclubes al lado de Andrés Caicedo, Mayolo, crea también junto a éste, a Luis Ospina y Ramiro Arbeláez, la revista "Ojo al Cine", en 1974. Este conjunto de jóvenes gomosos del séptimo arte sería conocido como el grupo de Cali, el cual impondría una indeleble impronta al devenir cultural de la ciudad
Continúa...
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