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Por Hernando Revelo H
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No estoy aquí para hablar de tus dioses
ni de tus playas ni de tus paisajes,
no he venido a quitarle escamas a las palabras
ni a ponerlas unas sobre otras,
como piedras que edifican imperios
para amadas pálidas y lontanas.
Demasiados versos malgastados en lágrimas.
Vicente de los faros y de rotos chinchorros
Antonio de la marimba y la tambora
Jesús de la canoa, Jeremías mandinga
de ti también, María de los esteros,
vendedora de toyo y de mojarras
la aurora marchitó tus pulmones
y ahora toses sangre cuando cantas
cuando rezas a un dios que no te reconoce
cuando cuentas cantando Sofía lavandera
frente al platón de ropa que no es tuyo
y ha encorvado de infamia tus espaldas.
constructores de casas para otros con sus nombres
calafateadores de barcos y balandras
troceros con la astilla del hambre sobre el hombro
hasta que la malaria los abrace
No estoy aquí para metáforas
hoy no es un día de júbilo en el puerto
guardemos el cununo y las guitarras
y digamos las cosas por su nombre,
al pan pan y al hambre hambre.
De Heráclito no diré una palabra
ni del agua, ese cuarto elemento indescifrable,
pero sí de ti, Esteban buceador,
que te has bañado tantas veces
se le reventaron las entrañas
tan solo para hallar un pedazo de sol
de 24 quilates que resplandece en un
alto salón social de suciedades.
Yo quiero hablarte de ti,
Juana recolectora de pianguas y de chorgas,
Ya no más versos malgastados en mentiras
Elías del Pacífico, Candelo de la marimba
Felipe de la lluvia y la tormenta,
Elena de los esteros nuevamente,
Mateo sin cuaderno y sin zapato y sin pizarra,
si libertad se escribe con L de luna
si mujer es con m de manzana o de miseria.
Hoy he venido a hablar de ti
María de la mala aventura, María solamente.
Hoy soy Venté, Cuenú, Carabalí
amanecí Balanta, Candelo, Cundumí
como cualquier abuelo negro,
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