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Historia de la migración japonesa PDF Imprimir E-Mail

Las memorias

ImageMuchos años después, los primeros colonos llegados a El Jagual recordaban con nostalgia y con frases plenas de emotividad su salida de la patria y su llegada al país extranjero: "Mi profesor de la escuela en la aldea siempre decía el Japón es un país muy estrecho, así que salgan a trabajar al extranjero, si se les presenta la oportunidad". Se trataba, como es evidente, de una férrea campaña nacional. Aún hoy sorprende que un país como Japón, teniendo en cuenta el conjunto de islas que lo componen, posea una superficie total de 377.837 km², tres veces menor que la colombiana (1.141.748 km²), y una población de 127.333.000 habitantes, tres veces mayor que la nuestra (42.310.775).

"Me animaron diciendo que Colombia era un país muy bueno, pero al llegar a Buenaventura era completamente diferente. ¡Qué desgracia! sin tener dinero para regresarme aunque quisiera". Lo que encontraron resultó ser muy diferente a lo que las maquilladas películas estatales de promoción les habían mostrado: lindas praderas, paisajes con grandes racimos de banano. En su lugar: terrenos vírgenes, enrastrojados que sólo tras horas y horas de trabajo, ásperos callos y sudor salado podrían domar.

"Soñando regresar triunfantes abandonamos nuestro estrecho país... la idea era hacer plata y volver". Sueño que no se hizo real por dos razones complementarias: se adaptaron al clima, a las costumbres, a la comida... En pocas palabras, se amañaron; además, el día que pudieron regresar a Japón todo había cambiado mucho, y más si se piensa en el denominado milagro japonés luego de la Guerra, de manera que una vez más se sintieron extranjeros en un país ajeno. Todo quedó en la añoranza del Japón de hace 75 años. Amargamente se dieron cuenta de que su patria ya no tenía lugar para ellos... Y a Colombia volvieron para morir. 

Los japoneses hoy

ImageLa Asociación colombo japonesa con sede en Cali, única en su tipo en nuestro país, siendo el centro de la comunidad nipona, pretende mantener los lazos de unión entre los japoneses, a través de actividades de integración como el Keiro Kai, que es la fiesta a los ancianos y el Undokai, día de competencias deportivas en contacto con la naturaleza. De igual manera, la Asociación coordina los trámites migratorios y ofrece cursos al público en general sobre cultura japonesa.

Las cifras de la Asociación dan cuenta de aproximadamente 1200 japoneses en el Valle del Cauca y de 650 en Barranquilla, los dos grandes focos de asentamiento nipón en el país. 22 de los inmigrantes originales: 2 de la segunda y 20 de la tercera, aún viven, en tanto que quienes llegaron en la primera, en 1929, ya han muerto. La mayoría de ellos son entonces descendientes: segunda, tercera y cuarta generación (hijos, nietos y bisnietos). Los inmigrantes originales que aún viven, aunque residentes en las ciudades, todavía administran sus fincas a distancia, mientras que sus descendientes han optado por carreras profesionales.

Las primeras generaciones se casaban entre ellos con el fin de conservar sus rasgos físicos y culturales originales, pero poco a poco se fueron abriendo y mezclando con los colombianos, de manera que ya han ido confundiendo un poco las aquellas características que los identificaba. Hoy los japoneses generalmente vienen a Colombia bajo dos circunstancias: para practicarse operaciones oftalmológicas y tratamientos odontológicos, que paradójicamente son más costosos en el Japón, o bien en plan de negocios para las multinacionales electrónicas o automotrices. De cualquier modo ya nadie parece venir a quedarse, más aún cuando el gobierno del Japón recomienda a sus nacionales no viajar a Colombia por aquello del conflicto.

"Cuando miro mis raíces me doy cuenta que vengo de una raza muy fuerte... Aquí llegaron muchos japoneses, entre ellos mi papá, sin nada y a punta de tripas corazón hicieron muchas cosas...". La afirmación de María Emi Itabashi, una descendiente de japonés inmigrante, está lejos de ser una mera exaltación patriotera. Los japoneses han sostenido un incontrovertible espíritu emprendedor y progresista y la historia se ha encargado de demostrarlo sin discusión. María Emi concluye: "el inmigrante llegó aquí con dos cosas: con esperanza y con ganas y sólo con eso supo sacar su familia y todo adelante..."

Bibliografía

  • Los Pasos de 50 años, Historia de la inmigración japonesa en Colombia. Ediciones Asociación Colombo-Japonesa, Cali, 1986.
  • PATIÑO, Germán. Herr Simmonds y otras historias del Valle del Cauca. Cali, 1992.
  • Agradecimientos: María Emi Itabashi,  Ritsuko Ohata y la Asociación Colombo-Japonesa. 
  • *Realizado por el equipo de investigación del Centro Virtual Isaacs, publicado en el periódico Cultural La Palabra. Edición 154. Facultad de Humanidades. Universidad del Valle. Cali. Octubre de 2005.

Imágenes

  • Archivo del patrimonio fotgráfico y fílmico del Valle del Cauca


 

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