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Historia de la migración japonesa PDF Imprimir E-Mail

 Han pasado casi 76 años desde el día en que el barco Rakuyo Maru anclara por primera vez en Buenaventura, trayendo consigo los primeros hombres y mujeres de ojos rasgados, piel amarilla y nombres escritos con ‘y', ‘h' y ‘k', casi impronunciables en castellano. Una historia de altibajos escrita con esperanza, sueños y tenacidad.

  

ImageDesde finales del siglo XIX muchos japoneses salieron de su nación en busca de mejores horizontes pues su patria angosta y con un fuerte monopolio sobre la propiedad no les ofrecía oportunidades. Poco a poco, América Latina comenzó a configurarse como el destino perfecto, más aún luego de que los Estados Unidos hacia 1889, comenzó a restringir la llegada de más nipones a su territorio, los cuales arribaban por montones desde 1868. Brasil y Perú, sus destinos más apetecidos, pero Colombia también les ofrecería sus atractivos... 

Los antecedentes

Con la inserción del Japón a la economía capitalista mundial a finales del siglo XIX, que abre el país a las relaciones diplomáticas y económicas con Occidente, se agudiza una larga tradición de conflictos internos entre campesinos y terratenientes devenidos por el monopolio sobre la tierra y el alza en los impuestos, en tanto que las ciudades presentaban escasez de alimentos y sobrepoblación agrupada en un territorio que se hacía insuficiente debido a los desplazamientos de campesinos. Era el Japón de otros tiempos: ni la Sony ni la Mitsubishi irrumpían en el panorama, de manera que la producción agraria continuaba siendo la base de la economía japonesa.

Estas circunstancias, sumadas a la crisis económica de los años veinte, llevaron al gobierno a crear oficinas estatales de migración encargadas de estudiar los posibles territorios de colonización para japoneses como solución a este conjunto de problemáticas. Se inicia entonces la exploración y compra de terrenos en países como Perú, Paraguay, Brasil y, en menor medida, Colombia, los cuales eran cedidos a familias japonesas a través de subsidios estatales que incluían además el desplazamiento de los emigrantes japoneses desde su país a la llamada por ellos tierra prometida. 

El valle se viste de amarillo

ImageLa llegada de los primeros japoneses a Buenaventura está rodeada de una leyenda romántica que asegura que en 1923, el barco Anyo Maru zarpa del puerto de Yokohama con cinco jóvenes, quienes después de haber leído la novela María se aventuraron a probar suerte en tierras vallecaucanas, motivados por las atrayentes descripciones del Valle que les ofrecía el relato de Isaacs. Fueron ellos: Samuel Kiyoshi, Adolfo Akira, Antonio Tokuji, Taro Matsuo y Katsumi Tadano quienes a la postre se convertirían en los promotores de la migración del primer grupo de familias japonesas que llegaron en noviembre de 1929 al Puerto de Buenaventura.

40 días en barco, 6 horas en tren, 4 en bus, 2 a pie, y llegan los primeros colonos: 5 familias de 25 personas en total, cuya condición indispensable era tener por lo menos 3 personas mayores de 15 años, por aquello de la mano de obra. Para ellos, la Compañía de Fomento de Ultramar compró un terreno de 200 plazas en el corregimiento El Jagual, perteneciente al municipio de Corinto. 5 meses después, el 20 de abril de 1930, arribaría la segunda migración compuesta por 5 familias de 33 integrantes, también a El Jagual y 5 años más tarde la tercera y última, conformada por 10 familias de 100 miembros. En total: 163 personas provenientes de la prefectura de Fukuoka, en el noroeste de Japón. El cansancio de una dura travesía sin duda contrastaba con el desanimo de sus rostros, al ver las características de su nuevo hogar: una ramada hecha de guadua, techada con hojas de zinc y plagada de insectos de esos que abundan en el Valle.

El Jagual era un reto: descuajar monte y rastrojo para comenzar a sembrar. Lo primero que cultivaron obviamente fue arroz y después fríjol, alforfón, algodón, café y cacao, cultivos que poco a poco progresaron tras adquirir el primer tractor, dando inicio a la producción cerealera mecanizada. Sería 1938, cuando se evidenciaría el progreso de El Jagual, al controlar el comercio de los cereales y fundar la primera cooperativa de producción agrícola que pretendía proteger los precios de sus productos. Es por ello que al núcleo japonés, se le reconoce su importancia en la evolución de la técnica agrícola regional y, en consecuencia, su contribución al desarrollo económico del Valle del Cauca.

El panorama, sin embargo, se oscurecería a partir de 1941, en el momento en que Colombia rompe relaciones con Japón como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses de El Jagual comenzaron a ser vistos como espías potenciales en el territorio colombiano. La colonia queda bajo vigilancia de las autoridades, sus bienes son congelados, y en 1943 varios japoneses son confinados en un campo de concentración, junto a alemanes e italianos en Fusagasugá, Cundinamarca, para ser liberados en 1945, cuando finaliza la guerra. A partir de esta época, la colonia comienza a dispersarse; más aún tras recibir el rechazo y la envidia de algunos vecinos quienes ingresaban a la finca a realizar destrozos y robos. En El Jagual quedó una sola familia, en tanto que las demás se desplazaron hacia El Cerrito y Palmira, principalmente. El destino continuaba siendo las tierras verdes y fértiles del Valle del Cauca, predilectas por los hombres y mujeres de ojos rasgados y piel amarilla. 

Continúa...



 

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