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"La primera vez que tomé el cine en serio (y en serie) fue en el garaje de mi casa, donde mi papá proyectaba películas en 16 mm para la familia y para los vecinos. En ese lugar oscuro y con olor a gasolina (que por cierto me gustaba y estimulaba mi imaginaron) vi. Las primeras imágenes en movimiento: seriales de ciencia ficción y westerns de serie B" (1).
Este testimonio con ínfulas de confesión constituye el autorretrato de la génesis un artista, Luis Ospina, en cuya historia personal está explícitamente relatada también mucha parte de la historia cultural de su Cali natal que lo vio nacer un 14 de junio de 1949 y que se regocijó con los embates de su genialidad, de su originalidad, de su ímpetu y su pasión por el cine.
Con tan sólo 14 años y con más de intuición que de experiencia, realizó su primer Su primer trabajo: "Vía Cerrada", un corto filmado con la cámara Súper 8 mm con la que su papá grababa videos caseros, la cual no se encuentra catalogada dentro de su filmografía oficial.
La historia de su adolescencia es contada por el mismo Ospina a través de los teatros de la Cali de los sesentas: el Cervantes, el Isaacs, el Colón, el Colombia, el Bolívar y el Aristi. El joven Ospina saltaba de película de horror en película de horror, agudizando su fascinación por este género el cual le impondría mucho a la identidad de su primer largometraje: Pura Sangre, inspirado en don Adolfo Aristizábal, y la difundida leyenda local alrededor del denominado Monstruo de los Mangones.
El currículo de Luis Ospina en el universo del cine da cuenta de sus habilidades como director, montajista, productor, guionista y hasta de actor. Sus estudios cinematográficos formales los cursó entre la Universidad del Sur de California (USC) en la cual ingresa en 1968, y la Universidad de California (UCLA) en 1969. Fue en esta última, y como parte de una prueba de admisión para poder continuar con la carrera, que Ospina realizó "Acto de Fe", una adaptación de "Eróstano" un cuento de sastre. Con esta pieza ganaría en 1977 el primer premio del festival Nacional de súper-8 en Colombia.
En su período en la universidad realizó dos filmes más. Un experimental al que llamó "Autorretrato (Dormido)", cuya propuesta consistió en posicionar la cámara prendida en frente de una cama en la que Ospina se acostó a dormir. La cámara graba 10 horas de sueño del protagonista a un fotograma por cada 10 segundos, que proyectada a 24 cuadros por segundo, dura tan sólo 3 minutos. En seguida como parte de un trabajo académico más de la universidad, realizó "Bombardeo a Washington" creada a partir de algunos retazos de otras películas en la que simuló un ficticio bombardeo a la capital estadounidense, la cual tiene un minuto de duración.
A su regreso a Colombia en 1971 se reúne con sus amigos Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez, Andrés Caicedo y Patricia Restrepo, con quienes hizo parte del autodenominado Grupo de Cali, íconos representativos de aquella generación de realizadores cuya devoción y entusiasmo por el cine en la década del setenta dio lugar al nacimiento del emblemático Caliwood que marcó un hito en la realización audiovisual caleña y nacional.
Ospina también se vincula al proyecto que había empezado Andrés Caicedo: un Cine-Club que aún hoy es célebremente recordado en Cali. En él se hacían proyecciones públicas en 35mm en el Teatro san Fernando y otras presentaciones en 16mm que terminaron en la casa de Ospina a la que concurría un grupo muy selecto de asistentes. A través de este espacio se pusieron en escena a las figuras rutilantes del séptimo arte, aquellos que hoy son conocidos como clásicos: Bergman, Buñuel, Antonioni. Eran los años setenta y el cine, de acuerdo a Ospina, sostenía una calidad que no es posible de encontrar en las producciones actuales, contaminadas por el cine comercial hijo de la industria Hollywoodense.
El Cine-Club insistió en el papel de educar a los públicos, de allí la importancia de sostener la idea de que este espacio no debía de limitarse simplemente a proyectar las películas, sino que también procuró repartir material escrito acerca de las mismas a los asistentes cuando ingresaban por la puerta del teatro. Este tipo de preocupaciones hicieron que los Cines-Clubes no sólo se convirtieran en formadores de públicos apasionados por el séptimo arte, sino también que sembraran el germen de una especie de escuela de formación audiovisual de lo que podría denominarse una generación de cinéfilos, muchos de los cuales terminaron trabajando en el campo del audiovisual: directores, productores, críticos y documentalistas.
Paralelo al Cine Club y financiada gracias a las ganancias de éste, Ospina, Caicedo, Arbeláez y Mayolo fundaron la revista independiente "Ojo al Cine", que tuvo 4 ediciones entre los años 1974 a 1976. En ella era posible encontrar crítica, análisis, reflexión, entrevistas e historia del cine.
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