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Antologías en las que figura 

  • Quién es quién en Colombia
  •  21 años de poesía Colombiana.
  • Antología de poetas vallecaucanos: Valores Femeninos
  • Poetas Colombianos. A. Rodríguez Garavito
  • Antología Poética. Olga Elena Mattei, Francia
  • La poesía en el Valle del Cauca y Diccionario Literario. Ed González Porto
  • Letras de Paz. UNEDA, Unión de escritores de América.
  • Testimonio y desafío. Bernardo Martínez Sanclemente

Distinciones 

  • Medalla al Mérito Cultural Ricardo Nieto. Alcaldía de Palmira
  • Medalla Cívica Cultural. Alcaldía de Palmira
  • Cruz de Comendador, categoría al mérito en el arte y la cultura “Pedro Morales Pino”. Gobernación del Valle del Cauca
  • Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua Española.

Mariela del Nilo, Tenuidad, dolor y ternura.

Revista PLENILUNIO No 8, Mayo 6 de 2006/ Por: Leopoldo de Quevedo y Monroy


Mariela del Nilo es el seudónimo de Alicia Emma Arce de Saavedra. Nacida en Buga un 25 de febrero, vive en la actualidad en Cali. Guillermo Martínez, uno de los biógrafos de los poetas de esta comarca la exaltó en 1964 como la “mejor poetisa del Valle del Cauca” (1). El Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas de Roldanillo la ha declarado Almadre, epíteto con el cual honra a las poetas que han brindado su alma a Eratos y con su oficio han ido dejando tras si, el hilo de la poesía para iluminar el laberinto sagrado a sus admiradores. Tiene asiento de número en la Academia Colombiana de la Lengua y fue galardonada en 1998 con la Gran Orden del Ministerio de Cultura. Su personalidad irradia sensibilidad, paz y la sencillez de quien domina el arte de la palabra.

Su obra está publicada en los libros Espigas, 1949, Torre de Niebla, 1964, Claro Acento, 1969 y Secreta Soledad, 1992.Hay sucesos, hechos o vivencias que marcan la existencia del ser humano. En la niñez o en la juventud, en la edad madura o aún en la vejez. A Mariela del Nilo el mar anega su ser-mujer. Ella misma deja salir de su corazón este sentimiento de ave marinera:
No sé por qué desconocida ley ancestral amo el mar, los azules y las lejanías. Verdaderamente, no sé por qué extraña asociación de ideas, mis temas tienden a colmar una sed infinita de puerto y mar” (2).
 

Y los versos en su libro Torre de Niebla son como oleadas de verde aguamarina. Es que la Naturaleza se le ha metido en su alma de poeta. Su prologuista uruguaya Dora Isella Russell lo expresa: “Un fondo musical tenue, un rumor de mar a lo lejos, como ese que suena preso en las caracolas, invade sus versos” (3). La mimetización espiritual de su ser con el mar, se refleja en el poema Que estás muy lejos, Cartagena, ciudad que la circunda con sus playas y torrres:

“(…) de tanto pensarte ha florecido un pensamiento azul entre mis venas.

de tanto nombrarte ya me saben los labios a tu sed y a tus arenas”.

  En los viajes que emprendió dentro y fuera de la Patria, el contacto con el salado coloso era un objetivo ineludible. Necesitaba respirar el aire salobre, sentir la brisa y refrescar su cuerpo en el juego de las olas y mientras hundía sus pasos en la suavidad de las arenas. Así lo canta en Al Mar en Cartagena: 

“Yo vine al reencuentro: a rehallarme en tu vestido verde-azul antiguo, en tu beso de muerte y de ceniza y en tu abrazo de lianas y de olvidos.

Tú, mar y yo, siempre estaremos juntos, como lluvia y tristeza siempre unidos”.
La neblina vaporosa que se alza al arrullo del calor de las olas, sugirió para ella una melancolía que pareciera avasallar de cuando en cuando su alma. En el poema Carta a Blanca Victoria Estrada Upegui  se transparenta tal nostalgia: 

“(…) Igual que aquella noche, llovió en Buenaventura.

Ha amanecido todo: las calles y los hombres, tétricos, taciturnos, como hechos de neblina.

Hoy vi, sin ti, de nuevo, el mar, tras de la lluvia.

(…) Mientras los alcatraces montan guardia en las rocas que fieles encarcelan la soledad de Islalba.

(…)Qué bien puedo escribirte: todo está como entonces.

Buenaventura es triste, aunque reparte el trigo.

(…) Mañana a mis espaldas quedará el mar amigo…

¡El mar! Todo mi mundo, desde el que fiel te nombro.

En sus ya casi 60 años de escritora, ha conservado un estilo inconfundible. Su forma de expresión es diáfana, sin estridencias ni pretensión alguna de escamotear la idea, imagen o realidad so pretexto de darle vigor a su verbo. Por lo contrario, posee una rara facilidad para tratar las cosas cercanas a su entorno, para retocarlas con palabras y embellecerlas en el poema. Oscar Echeverri la compara con el ruiseñor a quien nadie le enseña el trino pues ya lo trae consigo al nacer (4). Habla ya sea de su casa, del mendigo, de la lámpara, con el mismo lirismo que compone unos versos para la muerte o la vida, como aquellos que retroceden sus recuerdos en el soneto Quiero mirarte, madre:

“Extinguida tu lumbre, soy la mujer que escancia acíbar en la copa, sin grito ni lamento.

Te busca en los rosales mi corazón sediento y las rosas se entregan con su antigua fragancia”. 
Su lenguaje es rico en léxico. Su numen se mueve en el idioma con la pericia que da la lectura, el estudio y el cuidado que sólo se consigue con la constancia y la experiencia. Su visión del mundo es vasta como él y por eso toca temas al parecer triviales y se adentra en profundidades y abstracciones con propiedad y pertinencia.
Ha cultivado las formas clásicas del metro y la rima en la composición poética, mas como una mujer actual, no se deja entramar en moldes y límites convencionales. La mayor parte de su obra podría catalogarse como intimista, pero también su musa toca a la puerta de la dureza de la cuestión social y la inclemencia de la era ultracientífica. En
La paz empieza nunca, se aprecia su sensibilidad por la violencia patria:

No importa si es la noche o el día.

Tan sólo sé que escribo mientras llueve para decir que escucho a la distancia el clamor de los hombres y los niños, los que están fusilando en algún sitio, en la ciudad, el campo, la montaña”.
En su libro Secreta Soledad el lirismo llega a límites místicos, casi religiosos. La soletudine, el Eremo del Dante, donde se pierde hasta el nombre(5), es su sombra compañera. Su alma se vierte pura en ella, acosada por el dolor. Si bien es cierto que el amor de madre sobrepasa cualquier demostración de desprendimiento y sinceridad, en
Mientras arde esta lámpara los versos sobrecogen por el expresionismo del amor, del dolor, la ternura y entrega, elementos que juntos dan ribete a la mística:

Quítame esta impaciencia. Sujétame esta angustia y apacigua el silencio, por si el silencio habla.

No le digas a nadie que estoy triste en la noche,

Mientras arde esta lámpara.

No le digas a nadie.

Mi hija en el recuerdo me visita esta noche con mi madre y mi hermana.

No le digas a nadie que sollozo en la sombra mientras arde esta lámpara.

Y, tú, vete enseguida con tu alma transparente.

Despide el año viejo y  apaga la luz alta.

Vete, que yo me quedo con mi pena profunda,

Mientras arde esta lámpara.


Mariela del Nilo hoy es una mujer tenue como la niebla, cristalina, que pareciera levitar en el mundo después de haber perdido a su hija Yolanda. Más que una voz que la invoca es un suspiro viviente en el rincón de su habitación.
Las doce de la noche:
 

Las doce de la noche, exactamente:

Miro tras el cristal de la ventana caer la lluvia tenazmente.

¡Qué inmensa soledad!

Sólo tú pasas en mi recuerdo por la calle.

Las doce de la noche, exactamente.

Una música tenue de violines llena toda la casa.

Hija, ¿tú sabes qué hago ahora?

Amor, leo tus cartas.


Bibliografía
(1) MARTÍNEZ M., Guillermo E. La poesía en el Valle del Cauca. Cali: Imprenta Departamental. 1954. pág 321

(2) Ibidem

 (3) DEL NILO, Mariela. Torre de niebla. Prólogo. Cali: El Carmen. 1964. Pág. 7
(4) DEL NILO, Mariela. Secreta Soledad. Prólogo. Cali: Feriva. 1992. Pág. 8
(5) DANTE ALIGHIERI, La Divina Comedia. El purgatorio. Barcelona: Iberia. 1949. 


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